Sevilla, mi ciudad

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La palabra “despistado” es una de las que mejor me definen. Era tarde, había quedado con unos amigos en Triana y yo, en la otra punta de Sevilla con la bicicleta, dando una vuelta tan campante como si nada. Al rato, una llamada acompañada del típico: “Miguel, ¿dónde estás?”, me hizo darme cuenta de la hora que era y lo que me quedaba por recorrer hasta Triana, de modo que, con un acelerado “Estoy cerca, ya voy, ya voy, en 10 minutos estoy allí” salí disparado. Es bastante común que se me vaya el santo al cielo.

Sin prisa pero sin pausa me puse en camino a Triana zigzagueando al medio millón de guiris que normalmente, ojipláticos, cámara en mano y chanclas con calcetín blanco, inundan el casco histórico de la ciudad y en ese caso, el que era mi trayecto camino de Triana.

Fue ahí, en ese instante, durante esa situación de prisa y estrés en la que durante 30 segundos de intensa y metafísica reflexión, me di cuenta de los lugares por los que estaba pasando para llegar a mi destino.

Por un momento me resultó surrealista que constantemente me dedicara a viajar y enseñar lugares del mundo y no haber empezado por el mío propio, mi casa, Sevilla, mi ciudad.

Muchas veces caemos en el error de ignorar y obviar aquello a lo que estamos acostumbrados. Esas calles que paseamos a diario, rincones por los que hemos jugado de chico, etc… los vemos como algo normal pero que a ojos de un foráneo resultan impactantes.

Sin darme cuenta acababa de pasar por las callejuelas del Barrio de Santa Cruz…


Sus placitas y fuentes…


Pasando por supuesto por rincones para glotones de paladar exigente

Y para gaznates de gran calado, como el del menda, donde sin problema ninguno, encuentras tasquillas en las que encuentras cerveza a 0,80€ y San Jacobos tamaño mantel por 5€…

Pero por supuesto, no podría quedarse atrás, El Serranito, que para los no eruditos, es un “bocata”, tostadito, con jamón, lomo o pollo, tortilla, alioli y un pimiento verde bien fritito. El serranito ha marcado jurisprudencia en la gastronomía local y si es tamaño barriada… mejor que mejor.

Oir hablar de Sevilla es pensar en la Giralda, los alcázares, Santa Cruz y cómo no, de un paseo por uno de los barrios con más alegría y buen rollo de la ciudad: Triana, que bien merece la pena ser visitada de día…

Como de noche…

A medida que avanzaba con la bicicleta iba pensando en lugares y lugares, dándome cuenta poco a poco de la cantidad de atractivos que tenía Sevilla y que tal vez, por la rutina de pasar por ellos día a día, había dejado de valorarlos como merecen. Llegué al barrio con la sensación de deberle algo a mi ciudad como comunicador de viajes  que soy (o blogger, como nos llaman). Llegue con ganas de enseñar la luz de Sevilla, sus fiestas y tradiciones.

Llegué con ganas de mostrar el paso de tantas culturas que han vivido donde ahora piso


Y también, de enseñar lo que ahora se hace

Se puede decir, que me entró el mono de escribir sobre Sevilla, de encarnarme en el mejor de los guiris, un guiri, de Champions League. Un guiri de esos que vienen a Sevilla a ponerse salmonete y que hasta en Invierno lucen sus tirantas.

Redescubrir Sevilla, mi ciudad, con el objetivo de enseñárosla, rincón a rincón tal y como yo la veo.

Espero dedicarle un día un hueco, recorrerla paso a paso y enseñarla como merece, pero hasta entonces, vente, date un paseo por ella, que luego yo te la cuento ;-).