Paseo Gastrofotográfico por Pontevedra

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No pisaba tierras gallegas desde mi último camino de Santiago en el Xacobeo 2010. En aquella ocasión intentamos aprovechar todo lo que pudimos de Galicia, visitando las Islas Cies (reconocidas como una de las mejores playas del mundo), todo lo que pudimos de Santiago de Compostela y vimos a nuestro paso en el propio camino.

El plan en esta ocasión, cambiaría los bocatas, embutidos y conservas que acostumbrabamos a comer en el camino por marisquito, buen pulpiño gallego pero con común denominador, Vigo, donde terminamos en aquel viaje, en Vigo, y donde arrancaría en esta ocasión.

El viaje para mi empezaría pronto. Tras un juego de aeropuertos Sevilla-Madrid-Vigo con estupendo y lamentable desayuno a base de hamburguesas de McDonalds en el aeropuerto de Barajas, llegaríamos a Vigo para que poco después nos trasladaran al que sería nuestro hotel en Pontevedra.

El “Galicia Palace”, nombrecito para un hotel que más o menos viene a decirte que un albergue no es. Bonito contraste entre los hostalitos ruinosos del camino de Santiago en los que estuve y esta mega habitación, modelo “cónclave”, con saloncito y todo, en la que dormiría en mi nuevo periplo gallego. No termino de acostumbrarme a estas cosas. Soy muy de lo cutre.

Tras dejar las cosas en la habitación, abajo en recepción conocería al resto del grupo con el que estaría ese fin de semana, Carlos, Alfonso, Ana, Fidel y más amigos de turismo de Pontevedra.

¿Sabíais que en Pontevedra tienen las mismas horas de sol que Tenerife? La fama de Galicia es la misma que la del resto del norte. Lluvia… lluvia y más lluvia. Pero ese dato tan curioso me dejó K.O y ya me remataron cuando me dijeron que el kiwi, una fruta 100% tropical se planta bastante en la región.

Llegó la hora de la comidiña y el rugir de tripas, buena hora para hacer una paradiña pre-almuerzo en una pequeña taberna para tomar una tapita del típico queso de tetilla gallego.

El queso de tetilla exquisito, pero el regustillo de las hamburguesas de McDonalds del desayuno aún no se había ido, de modo que ahora si que si, comenzamos la comilona haciendo lo propio frente a un buen pulpiño, zamburiñas, chovas y navajas.

Personalmente me quedo con las navajas y su salsita. Una pasada.

Durante la comilona, no pude evitar sacar mi cámara ante situaciones que pocas veces pasan frente a los ojos de uno.

Si, es lo que veis. El chico de la fotografía está sacando a pasear, con correa y todo, a su gato. Vestimenta a parte… hay que reconocer que es lo que se dice “un tipo con personalidad”. Con dos cullons.

Tras “el picoteo” 5 estrellas, salimos a pasear por Pontevedra.

Sus placitas, callejas y rincones me sorprendieron bastante a medida que paseaba.

Tal como nos dijeron, Pontevedra ha sufrido una transformación importante. Antes, podría decirse que estaba todo menos cuidado. Una ciudad menos para el visitante. Pero a día de hoy, tras un buen lavado de cara y después de visitarla, puedo decir que es una ciudad que para nada tiene que ver con lo que fue y que noté cargada de vida

Rinconcitos que invitan a ser paseados tal como nosotros poco a poco hicimos y en mi caso, tanto, que hasta me perdí del grupo!

Rincones de otro tiempo…! ¿No me digáis que esta farmicia no parece sacada de un libro de los años 30?

En definitiva una ciudad que se han esmerado en cuidar tanto que hasta han colado algún guiño con farolas sacadas Star Trek que en mi opinión, si no estuvieran, la ciudad ganaría un poquito más.

Pero farolas al margen, si con algo me quedo, es con sus coquetas placitas, siempre flanqueadas por fachadas en piedra y que en Domingo se convierten en improvisados mercadillos del surrealismo donde lo mismo encuentras una batidora que 2 tomos de la enciclopedia Larousse del año de la polca o una caja de Playmobil… un buen nicho para coleccionistas de lo extraño.

Y por supuesto los siempre presentes “cruceiros”

La noche y algún pequeño chispeo llegaron a la ciudad y con ella las zamburiñas, caldereta de carrillada y croquetas caseras…!

Si el centro de la ciudad me gustó, de noche me encantó. Hay ciudades grandes como Barcelona que pierden su atractivo durante la noche debido a lo mal iluminadas que están y otras, como Sevilla, Cáceres y en este caso, Pontevedra, que poseen rinconcitos que iluminados son una pasada.

Atentos a esta placita, una de las más históricas de la ciudad, la plaza de la leña (click para ampliar)