Historias para no dormir por las mejores playas de Cádiz

La suerte de vivir en una ciudad como Sevilla es el tener algunas de las mejores playas de España a 1 hora. Por un lado las playas de Huelva y por otro, las maravillosas playas de Cádiz y esos atardeceres de infarto. Pues bien, entre esto y dado que los 40ºC de nuestro Verano no es que sean precisamente una delicia, el mejor consejo para combatir el calor de Sevilla es simple y llanamente huir de él, y para eso, playas como Bolonia, Tarifa o Zahara de los Atunes… créeme que te lo pondrán muy fácil.

Estas últimas playas que os mencionaba, al margen de ser algunas de mis playas favoritas de Cádiz, fueron el escenario de una serie historias que se sucedieron en torno a Bolonia y con las que nos reiremos un rato mientras que de paso os enseño este pequeño paraíso que tenemos en las playas del Sur de España.

El coche caja fuerte

El alucinante paisaje dunar de la playa de Bolonia la convierten probablemente en una de las playas más famosas y espectaculares de Cádiz.

Las ruinas de Baelo Claudia, el turquesa de sus aguas y el fantástico atardecer que desde los 30 metros de altura de su enorme duna se disfruta a diario, son los principales atractivos de una playa que me encanta y que hace más o menos un añito decidimos visitar, y como siempre, de la forma más lowcost posible: el camping.

Aquel fin de semana iría junto a Diana y mi buen compañero de fatigas Miguel Ángel.

El fin de semana pintaba relativamente bien. Milagrosamente salimos a buena hora, llegamos a Tarifa sin problemas, donde nos estableceríamos como campamento base, y sin perder demasiado el tiempo empezamos a montar la tienda de campaña.

Odio montar tiendas de campaña. Primero porque nunca nos acordamos de cómo se monta, segundo porque la mayoría de las veces o no hay martillo o no hay donde clavarla y tercero porque que te toque una parcela con toma de luz cerca de veces se convierte en utopía y si no fijaos la que líamos en otra ocasión en la que tuvimos que llenar el colchón hinchable en el cuarto de baño del camping. El numerito que armamos no tuvo desperdicio.

Por fin la tienda montada. Esta sería nuestro alojamiento en Tarifa durante ese fin de semana.

Pues bien, casi sin darnos cuenta, el día se iba apagando y decidimos poner rumbo a un bonito mirador donde ver atardecer sobre el estrecho de Gibraltar. Ni siquiera habíamos descargado el coche, tan sólo la tienda de campaña puesto que volveríamos después del atardecer, de modo que nos dijimos: “bueno, cuando volvamos lo sacamos todo”. Ilusos.

Minutos antes de salir, decidimos cambiar el agua al canario. Como de costumbre, cojo mi bolsito donde guardo las llaves del coche y aunque este estaba aún estaba abierto, decido cerrarlo (mi coche permite que se cierre con las puertas abiertas, luego las cierras y queda cerrado) y dejar a Diana trasteando en el maletero. Y así fue. Cierro el coche con las puertas abiertas, dejo a Diana cogiendo unas cosas del maletero y marcho a cambiar el agua al canario. Pero a medio camino, decido volver a mirar si había guardado unas cosas y pasados unos minutos, se me va la pinza y suelto el bolsito con las llaves dentro del maletero sin pensar que hace unos minutos había cerrado el coche… pum!

Imaginad el portón del maletero de mi coche cerrándose a cámara lenta ante la perplejidad de nuestras miradas y un “Nooooooo……!” junto a la canción de Carros de Fuego sonando de fondo.

Resultado: coche bloqueado con toda nuestra comida, tarjetas de crédito, dinero, móviles y ropa… dentro! Olé.

Sin saber muy bien que hacer intentamos bajar los cristales con las manos. Nuestras opciones era volver a Sevilla en autobús a buscar las llaves de repuesto, cosa que nos rompería el fin de semana entero, o romper los cristales del coche, pero francamente, el masoquismo no me convence mucho y tras darle vueltas y vueltas al qué hacer con el coche bloqueado y las llaves dentro… decidí resignarme y llamar desde la recepción del camping a mi seguro.

Tras 30 minutos de espera, por fin, llega el gruísta. Por su cara de pocos amigos tenía pinta de ser el típico currante que lleva 30 años haciendo lo mismo, hasta las narices de su trabajo y de toparse con numeritos como el que le teníamos ahí montado. El tipo se conoce que ya lo había hecho otras veces. Con una ventosa y una palanqueta me abrió la puerta unos 2 centímetros.

En el hueco resultante metió una goma hinchable para mantener el agujero de la puerta y con un pulso para robar panderetas el tipo empezó a intentar abrir la manilla de la puerta con un alambre con forma de garfio.

Lo intentó media docena de veces. Cada vez que tenía la manilla del coche agarrada… zas!, el alambre se soltaba y justo cuando ocurría esto Miguel Ángel gritaba un “Uyyyyyyy!!!!!” como el que se escucha en los campos de fútbol. Entre el cabreo que tenía el gruísta y las pocas ganas de estar haciendo eso un Sábado por la tarde en Verano… por momentos pensé que se nos iba cabreado. “Quillo, dile a tu amigo que se calle o lo hace él y yo me marcho”, me decía el pobre hombre completamente ofuscado.

Finalmente, cuando ya creí que no lo conseguía, el tipo logró abrir el coche. El sonido del desbloqueo de las puertas del coche puedo decir que fue medio orgásmico. Menuda aventura… y por supuesto, menudo follón.

Tras el sofoco, después de agradecer al gruísta medio millón de veces su proeza y sin quitar un ojo a las llaves del coche como si Gollum y el anillo fueramos… nos pusimos de nuevo en marcha, ahora si, rumbo al Mirador del estrecho, sin duda, una de las mejores vistas de la costa de Cádiz.

¡Quién nos iba a decir que estaríamos ahí después de tanto lío! Un lugar mágico para ver el atardecer, desde donde ver el estrecho de Gibraltar y las montañas del Atlas marroquí como si estuvieran a un palmo de la mano.

Tras un rato disfrutando de las vistas, decidimos regresar al camping para arreglarnos un poco, dar un paseo y cenar por Tarifa, pero según bajábamos, divisamos un bonito atardecer sobre las estaciones eólicas de Tarifa al que no nos pudimos resistir, de modo que paramos en el arcén y disfrutamos de este paisaje.

Sólo faltaba la silueta del caballero de la triste figura caminando entre estos modernos molinos de viento!

Pues bien, aunque aquel lugar estaba en medio de la nada, sin comerlo ni beberlo, nos hicimos amigos de un grupo de estudiantes Erasmus de Italia que por allí pasaban. Nos invitaron a pasar la noche con ellos y nosotros, cómo no, aceptamos. Nunca sabes dónde, cómo ni cuándo el destino te sorprenderá, jeje.

Una noche en Tarifa

Tras conocer a nuestros nuevos compis italianos y dado que la noche ya había caído por completo, decidimos ir al pueblo con ellos y cenar en Tarifa en su compañía. El plan nos saldría algo más caro que las latas de conserva y espagueti que nos esperaba en el camping pero merecería la pena.

El ambiente de Tarifa por la noche es fantástico. ¡Nos dejó flipados!

Cansadillos, después del ajetreo, regresamos al camping todavía con fuerzas de hacer un poco el tonto por los pinares que junto al camping había.

Si nos juntas a Miguel Ángel y a mi pasan estas cosas.

Bolonia, de las mejores playas de España

A la mañana siguiente, con más sueño que un oso en Invierno, nos dimos un paseo mañanero por la playa de Tarifa donde Miguel Angel nos deleitó con un maravilloso baño de lodos y tras esto, nos dirigimos a Bolonia, su duna y las ruinas de Baelo Claudia.

Armaos de imaginación e imaginad con esta fotografía cómo pudo haber sido Baelo Claudia. Sin duda uno de esos lugares a los que me gustaría ver si pudiera viajar al pasado.

Fue una delicia pasear entre los callejones de la que fue ciudad romana hace más de 2000 años.

Y tras el paseíto por el pasado cambiamos de orilla radicalmente! :-)

No se qué tiene esta playa que me flipa. Tal vez esa mezcla de la ciudad de Baelo Claudia junto al mar, quizás la duna envuelta entre pinares… ¿el turquesa del agua? ¿sus arenas finas y blancas? Ni idea, pero creo que ya he enumerado suficientes motivos como para que sea especial no? Jejeje.

Toda la zona de playas de Tarifa, Bolonia, etc… forman parte de los mejores sitios para hacer surf en Andalucía y demás deportes acuáticos como el kitesurf o bodysurf, con el que nos lo pasamos de lujo que te crujo entre ola y ola.

Tras 2 horas en remojo, almorzar nuestros correspondientes bocatas y echar un rato la siesta… nuestro profesional de la cometa, Miguel Ángel, se enfundaría su doble equipamiento de gafas de Verano para iniciar sus ya populares vuelos de cometa pero en este caso desde los 30 metros de la duna de Bolonia.

Viendo atardecer desde lo alto de la duna de Bolonia

La duna de Bolonia es una pasada y el mejor momento para subirla es precisamente al atardecer, cuando el sol no pega con fuerza y las vistas sobre el estrecho de Gibraltar son espectaculares a medida que el sol cae.

Precisamente al atardecer, poco antes de que este cayera, fue cuando aprovechamos para iniciar la subidita a la duna con el objetivo de pasar allí arriba lo que nos quedara de día.

Desde abajo puede parecer “chiquitita”… pero que no te engañen. Subir por esa pared de arena… no es fácil!

Pero como siempre, todo pequeño esfuerzo tiene su merecido y una vez arriba…

¡A disfrutar de las increíbles vistas del estrecho de Gibraltar y las montañas del atlas!

Toda la playa de Bolonia bajo nuestra mirada. Un paraíso.

Por otro lado es el sitio perfecto para hacer el ganso

En la duna de Bolonia!

Y cómo no, dado el viento que allí arriba hacía, Miguel Ángel aprovechó para darnos un cursillo intensivo de cometa de tracción, llegando a emocionarse tanto con el asunto que por accidente estrelló la cometa sobre una chica en topless que caminaba tranquilamente por la duna y a la que por poco matamos de un infarto. La cosa fue seria. Llegó hasta el punto de que esta quería denunciarle y no paraba de pedirle el DNI… si es que…

Pero lo mejor fue la compañía y los buenos ratos que allí echamos con nuestros amigos italianos entre risas y un entorno privilegiado, en pleno parque natural del estrecho de Gibraltar, rodeados de pinares, arena blanca, el mar al fondo y la vista de toda la playa de Bolonia desde lo alto de su castillo: la duna.

Aquella noche repetimos paseillo por Tarifa, pero esta vez cenamos en uno de los mejores sitios para comer en Tarifa. Le llaman “El Feo” y las tapas de feas… como veis no tenían nada…! Ñammm!

Y como postre los helados de la heladería Fragola, bastante famosa en Tarifa.

Zahara de los Atunes, la playa de los turquesas

A la mañana siguiente tocaría zafarrancho general y el momento más odiado de todo campista: recogerlo todo e intentar que la tienda entre donde salió teniendo especial cuidado de nuevo en “dónde ponía las llaves”… je, je, je…, recogimos todos los bártulos y emprendimos de nuevo camino hacia un nuevo paraíso andaluz, Zahara de los Atunes y sus 8 kilómetros de playa es-pec-ta-cu-la-res.

La playa de Zahara de los Atunes es una playa a la que le tengo mucho cariño y parada obligatoria año tras año. He veraneado en familia alguna que otra vez y ha sido cuna de aventuras y muchas risas entre amigos.

Playas como esta, donde el turquesa inunda el paisaje en forma de olas de aguas transparentes y esa orografía con 2 colinas que protege a la playa del levante la convierte en el refugio de mucho famosote durante el Verano.

Playa de Zahara de los atunes

3000 horas de luz al año, 24ºC de media y atardeceres como este hacen la hacen irresistible a cualquiera, ¿o no?

Información práctica si quieres vivir estas experiencias

¿Dónde alojarse si quiero ir a Tarifa, Bolonia y Zahara de los Atunes? La opción más cómoda es establecer un campamento base y moverse por las playas. Nosotros nos quedamos de tiesos en un par de campings de Tarifa, tira un poco de Google y encontrarás varios pero la opción más cómoda es alquilar entre varios un apartamento en la playa de Zahara de los Atunes ya que es la más bonita de todas y tienes Barbate a un paso. Otra opción es alojarse en Tarifa pero moverse allí con el coche es un poco incómodo por lo que te aconsejo mejor la primera opción.

¿Cuánto cuesta entrar a Baelo Claudia y cuándo abre?: La entrada vale 1’5€ e incluye una exposición con un montón de reliquias y explicaciones más el acceso a las propias ruinas. Toda la información de horarios etc la tienes en la web de Turismo de Andalucía.

¿Dónde están todos estos lugares?