La rotonda de Babel

cara

¿Por qué en los momentos en los que uno tiene más prisa, se encuentra más liado, cansado o atascado con algo, siempre hay algo que lo enreda todo aún más?. Es una pregunta que me suelo hacer en muchas ocasiones y que empiezo a pensar es porque el destino es puñetero y tiene ganas de entretenernos, en exceso…

Pues bien, ocurrió-me este Verano, en compañía de mi novia, hermana y matter mia, más perdidos que un burro en un garaje, en algún punto de Pompeya (Italia), con algo de calor, hambre (serían las 14.30pm) y agobiadillos buscando la famosa ciudad.

Íbamos de rotonda en rotonda, de calle en calle, el GPS no marcaba las ruinas y finalmente, desesperados y hasta los pendientes reales de tanto buscar, decidimos pedir ayuda a una pareja de Carabinieri (policía italiana para los catetillos), que se encontraba en una rotonda. Los tipos eran unos cachondos, eran unos mini berlusconis pero disfrazados de poli con gafas de sol, tendrían unos 48, buena gente, ligones, gorditos, simpaticones y con pinta de estar aburridos y tal vez por ello, ocurrió lo que ocurrió.

Nos acercamos con el coche, bajo la ventanilla del copiloto y sin darme lugar a abrir el pico a exponerle mi problemática, me dice en italiano que si “parlo anglé”, a lo que con cara de sorpresa le digo que un poco para que, acto seguido, se me agarrara de la ventanilla del coche, como si fuera un Koala, un americano, rubito, canijo, feillo, y disfrazado del tour de Francia, llorándome, prácticamente pidiendo auxilio, agobiado y rogándonos que le tradujéramos y le dijera al italiano lo que le había ocurrido. Tras casi 15 minutos tortuosos, con el coche en medio de una rotonda con los 4 dentro e intentando hablar  con el guiri y la pareja de Carabinieri, la situación empezó a convertirse en algo surrealista porque ahí, con tanto estrés, tanto grito, suplica y cruce de idiomas no se enteraba ni el tato. El americano me hablaba en inglés, yo al italiano en español, el italiano en actitud divertida y en plan: “madre mia que follón!!” me hablaba en italiano y yo de nuevo al guiri en inglés. Tras 400 cruces de frases en plan “juego del teléfono” logramos saber que el guiri iba de camping y le habían pillado con la bici por la autopista, los Carabinieri le habían pillado y querían multarle. El americano le rogaba que no lo hicieran, que le habían dicho que si se podía y que si pagaba la multa no tenía ni para dormir ni comer el resto del viaje. Un follón.

El asunto no parecía acabar, ahí iba a tener que intervenir el tribunal de la Haya y a mi me iban a tener que intervenir quirúrgicamente por el hambre que tenía, así que, decidimos zanjar el tema con los Carabinieri puesto que no nos aclarábamos y le deseamos “Good luck” al pobre guiri y que imaginamos que finalmente la tuvo, puesto que horas después lo vimos comiendo en un bareto cercano a las ruinas de Pompeya algo más contento.