Italia. Historia viva.

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Después de un camino de Santiago movidito, algo cansadetes, con la cabeza todavía en Galicia y las Islas Cies, decidimos poner rumbo a un nuevo destino en este intenso pero ilusionante Verano, emprendiendo rumo a Roma para hacer un tour de Sur a Norte por toda Italia. 4 días en Roma, uno de ellos con visita por la costa Amalfitana y sus curvitas, no sin antes hacer una parada en Pompeya. De Roma saldríamos a Florencia con paradas por el camino en Siena y Asís para permanecer en la ciudad del David de Miguel Angel 3 días. Finalmente terminamos con un último spring a Venecia parando de camino en Pisa para sujetar su torre inclinada.

Los precios… medianamente razonables, muy parecidos a los de España, exceptuando el combustible claro. Cenar en Italia viene a salir por una media de 9-10€ si te pides un refresco y un plato, ya si quieres postre pues métele 3 o 4 leuros de extra, como en España.

En cuanto a transporte en Italia, la verdad es que la cosa no está mal, las autopistas son muy parecidas a las de España exceptuando que allí hay 3 carriles prácticamente en todas las vías pero el firme es espantoso, imagino que es porque Italia es un pais potencialmente importador y toda su red de carreteras está minada de camiones. Casi todas las “autoestradas” (autopistas) están señalizadas en color verde a diferencia del color azul de las nuestras y el 98% son de pago, hay muchos peajes pero no excesivamente caros, el más caro que nos encontramos fue de 14€ y porque recorrimos más de 300km. Aparcar en Italia es una utopía… allí el parking gratuíto, la doble fila… el dejar el coche delante de casa por la cara, en lo alto de una acera… eso no existe, eso es “made in Spain”. Allí seas residente o no, pagas tu zona azul que se extiende a lo largo de todas las ciudades y por todas las zonas de estas. De hecho, los coches traen un cartelito con una ruleta de papel en la que marcas la hora a la que dejastes el coche en el aparcamiento, alta tecnología.

Los autobuses son un cachondeo al igual que en otras muchas ciudades europeas. Habrá de todo, justos y pecadores, pero después de mirar y mirar de sur a norte del país, la sensación que medio es que allí no paga ni el tato.

El clima en Italia es mediterraneo total, ¿qué quiere decir? exacto, humedad a punta pala y una sensación de pegajosismo constante que aunque te duches al rato estás igual pero se compensa con sus cientos de fuentes de agua fresquita, fresquita hasta el punto de que llenas la botella y le sale vaho de lo fria que está. Según dicen, el agua sale así de las fuentes porque manan directamente de manantial.

Y qué decir de los helados… Los exquisitos helados de 1000 sabores (aunque yo vaya siempre a lo típico, chocolate, vainilla y leche merengada) que por 2,60€ he llegado a pedir una tarrinita “pequeña” con una cresta de más de 4 centímetros asomando por arriba. En Italia no escatiman en helados. Es una maravilla.

Es un país en el que no te aburres, cada pueblo merece la pena, cada museo o galería, costa o montaña… y perderse con el coche por los pueblos de la toscana es una chulada.

Pueblecillos con escarpadísimas calles en los que solo te oyes a ti mismo y tu propio resonar a medida que avanzas… os aseguro que merece la pena. Y cómo no! la comida. Qué os voy a contar que no se sepa de la internacionalísima comida Italiana. La verdad es que he de reconocer que a día de hoy en algunos restaurantes italianos de muchos países se alcanzan niveles muy buenos pero el toque de la materia prima que tienen en Italia no se alcanza fácilmente así como la increible variedad de pastas que te llegas a encontrar. En los supermercados italianos hay estanterías llenas de pastas de todo tipo, formas y colores.

En Italia se respira historia, se respira cultura, pizza, lasagna y spaguetti! es un museo vivo, sus calles son únicas y es el paraíso de todo fotógrafo ya que después de cada esquina, soportal o local, hay un instante para enmarcar.