Descubriendo la Vall d’Aran, el valle de valles

cab-valle-daran

Valle de Arán, que quiere decir, “Valle de valles”, representa a la perfección lo que esta pequeña región catalana viene a ser. A penas 10000 habitantes, un dialecto propio, el aranés; 33 pueblitos con encanto sacados de cuento y flores; y una media anual de 1000 litros de agua por metro cuadrado que riega sus lagos, rios y praderas, muchas de ellas a más de 2000 metros de altitud.

Un escenario sin igual que cargaba mis expectativas al máximo dada mi pasión por la naturaleza y la montaña. Era mi primera visita al pirineo catalán, un delito habiendo recorrido Suiza entera, y la verdad es que no veía el momento de empezar a recorrer esos valles y descubrir los tesoros de los que tanto había oído hablar.

¿Cómo compañía? Pues de nuevo con mis amigos de minube, Joan, Ignacio y Miguel Loitxate, un madrileño, un catalán, un vasco y el mendalerenda, andaluz. Bonito gazpacho para recorrer Pirineos!

Del túnel de Vielha al valle

Como punto de partida podríamos arrancar desde el famoso túnel de Vielha. Sus interminables 5 kilómetros de longitud dan acceso al valle, que atravesaríamos hasta llegar al que sería nuestro alojamiento, en la misma Vielha.

Una casita de madera, con vistas a los valles, florecillas en ventanas y arriates y por supuesto una escalerita de subida, en madera, de las que hacen “cratacrack, crack, crackkkk…” cada vez que subes en mitad del silencio más absoluto cada noche.

Donde este una casita de este tipo… que se quiten los 5 estrellas superlujo.

Primera toma de contacto con el Valle de Valles

A nuestro primer día en el valle de Arán aún le quedaban algunas horas hasta que cayese la noche de modo que pusimos rumbo hacia las cascadas del Uelhs deth Joeu no sin antes hacer parada por el camino en un par de miradores que dieron respuesta al por qué del significado del Valle de Arán (Valle de valles).

El “Guardader de Betlan” y “la Roca de Serrá” pero sobre todo este último, en el que os alucinará el valle que desde él se divisa.

El sol se apagaba y una rasquilla de frio bastante curiosa se sumó a la sombra de los árboles y la humedad de las cascadas de Uelhs deth Joeu. Como pude y echándole bemoles salí del coche con más frio que un perrillo chico y tras recorrer un pequeño sendero a través de enormes arboledas por fin llegamos a las cascadas.

Una vez allí, un espectáculo. Como si de entre los árboles surgiera, varias cascadas del deshielo del Aneto, atravesaban árboles y rocas formando un escenario de cuento de hadas que como gatos monteses atravesamos entre piedras y ramajes.

Con la noche encima y el hambre rugiéndonos en la barriga llegamos buche en un pequeño restaurante del centro de Vielha a base de sardinitas, patés de setas, una riquísima sopa encebollada con queso gratinado, un revuelto la mar de diurético y para bajar… heladito de vainilla, que a este paso… reviento.

Bicicleta, Rafting y “cabra tour”… curiosa combinación

Con las pilas cargadas y algo de sueño nos fuimos rápido a la cama para afrontar un primer día de actividades por el valle que acabaría literalmente con nosotros.

Primera parada, centro de Vielha, donde nos equiparían debidamente con casco y bicicletas de montaña, de las güenas, para iniciar una ruta que en principio se preveía sencillita, dado que íbamos cargados como mulas, pero que según salíamos de Vielha empezó poco a poco a complicarse hasta un punto en el que una de dos, o bien, bajaba rodando con ella a cuestas o haciendo el pino con la bici a cuestas.

Debieron vernos cara de supercampeones al pensar que podríamos hacer el recorrido a través de estrechos caminos y cuestecillas pronunciadas con las mochilas y cámaras a cuestas, de modo que, el inicio de la ruta lo hicimos a través de la carretera a lo Miguel Indurain, con boca cerrada por si las moscas (las atraigo cuando voy en bici, será que tengo la boca grande y hablo mucho) y a toda mecha.

La ruta tornó a verde rápidamente. El color de las hojas a medida que pasabas con la bicicleta… una maravilla.

El frescor de la mañana por esos bosques, con esas vistas y arboledas hizo que se me pasará volando la mañana. El tramo final se hizo mas puñetero de lo normal. Un pequeño repechito duro y finalmente, de regreso al pueblo, donde nos recogerían en 4×4 para llevarnos hacia un centro de actividades donde nos equiparían como los Superhéroes para hacer rafting por el rio Garona.

Era mi primer rafting e ilusión no me faltaba de modo que al paseo risas y buen rollo no le faltaron.

Con el casco, neopreno de los gordos de manga larga, chalequillo de neopreno, bañador y camiseta de agua salimos de nuevo en el 4×4 hacia nuestro lugar de partida en una de las márgenes del Garona. El recorrido se nos hizo eterno. Con la indumentaria que llevábamos pasamos más calor que en el mostrador de una pollería y en una de las paradas camino del rafting intentamos la escapada haciendo autostop sin un incomprensible éxito. Aún no me explico porque no nos pararon (la foto es del móvil de Joan Planas ;P).

Ya en la barca, nuestro monitor nos dio indicaciones de cómo no liarla en la barca:

  • Remar cuando el monitor te lo dijera, hacia delante o hacia detrás
  • Hundir bien la pala con giros grandes y sin dejar de remar nunca
  • Meter los pies en unas pequeñas babuchitas de plástico en la base de la barca.
  • Pasarlo bien

Con todos encima y cargaditos con GoPros que inmortalizaran el momento, empezamos río Garona abajo con una curiosa aceleración que iba increchendo por momentos.

Empujones con otras barcas, algún que otro zarandeo, ramas volando sobre nuestras cabecillas al arrimarnos a los árboles, peleíllas de salpicadas entre barcas….

Pero sobre todo los rápidos, las bajadas en las que la barca se hundía hasta quedar parte del morro bajo los rápidos y los entretenidos atranques en rocas del rio en para los que debíamos saltar como locos si queríamos desatascar la barca.

Tras el rafting, una duchita rápida y a la tarde, allí mismo, donde nos duchamos, llego el “cabra tour”. Muy decidido me puse el arnés, el casco, etc… pero según subía la escalinata de la primera y más alta de las tirolinas… un poderoso tembleque se apoderó de mis pinrreles, momento en el que me convierto en el ser más torpe del universo y es entonces cuando una serie de mareos y sudores fríos inundan mi cogote. Lo que viene siendo vértigo, de modo que… yo miré desde abajo.

BTT, rafting, “cabra tour”… ¿queréis matarnos?

Mejor así, si señor.

Nuestras pleagarias fueron escuchadas en las termas de la Baronía de Les, donde descansamos como gladiadores vencedores y vencidos (de cansancio).

Aceitunas falsas y chuletones de a kilo!

Ya es sabido por todos que la montaña abre el apetito y… cuando yo hablo de apetito… hablo de comerme al toro por los cuernos. Tanto valle, bicicleta, senderismo y rafting debía ser compensado con una buena comilona y para ello, de todo el viaje, me quedo con un par de sitios en el valle de Aran, uno por la originalidad de los platos y otro por ser de los que a mi me gustan. Restaurantes de los buenos con chuletones de los de a kilo.

El primero de los sitios es uno de esos restaurantes de pitiminí, el restaurante Er Occitan, con las famosas gastroexperiencias, que llevan instrucciones de uso y que personalmente que me dejaron alucinado. De todas las delicias que nos pusieron… pate de pato, bacalao con pimientos con flor de calabaza y caviar, hamburguesa de pato…

… sin duda me quedo con la “falsa aceituna”

Las teníamos ahí, sobre unas cucharitas que debíamos coger y seguir atentamente las instrucciones que nos dieron: “Meter en la boca suavemente y reventar contra el paladar”. Y dicho esto, “cataplaf!”, la supuesta aceituna estallaba en líquido convirtiendo todo el paladar en la casa de la española. ¡Qué sabor!

Increíble. Y lo digo autoproclamándome experto aceitunero.

El postre tampoco me dejo indiferente y si eres chocolatero, de esos que mojaba la palita de untar dentro del bote de nocilla… tampoco! Aquí le tenéis, un postre de… nocillas!

¿Qué tal? Bien no? Como almuerzo no está mal y como cena, ya digo, me quedo con el restaurante de chuletones de a kilo. De lo mejorcito de Vielha según nos dijeron… y tanto!

Me puse absolutamente ciego de chuletón. Mis compis, Ignacio, Joan y Miguel, estaban que no podían y fiel a la tradición del refrán del pobre (“Reventar antes que sobre”)… hice lo propio e intenté que no sobrara ni un solo chuletón.

Ruta por los lagos Colomers, borrachera para las retinas

El día parecía escogido a dedo para la excursión que íbamos a realizar. Personalmente era la actividad que dentro del Valle de Aran más ganas tenía de hacer y al ver el cielo azul, la temperatura y esas nubecillas de algodón, no veía el momento de arrancar.

Ya listos, macuto a la espalda y agua como para el camino, abandonábamos Vielha para dirigirnos hacia Salardú, donde haríamos una parada en el parking del balneario de Banhs de Tredos para coger un taxi que nos llevaría al inicio de la ruta durante aproximadamente 45min. El acceso en coche privado está prohibido por lo que el taxi es la única opción.

El entorno una maravilla. Grandes praderas, bosques tupidos de abetos y pequeñas cabañas de pastores que bien podrían ser mi retiro cuando me haga viejete.

Una vez arriba, comenzaría el trekking junto a Daniel, guía profesional del Valle de Arán y sobre todo un aventurero de los de verdad y sino… preguntádselo a las falanges de sus dedos en manos y pies y veréis lo que ellas os cuentan de las montañas de más de 6000 metros.

El camino comenzó con un pequeño repechín al inicio nos quitó el aliento pero poquito a poco, atravesando caminos de madera, fuimos adentrándonos entre valles por sinuosos senderos, piedra arriba, piedra abajo, a medida que atravesábamos paisajes es-pec-ta-cu-la-res.

En algunos momentos el sillónball se notaba en las piernas, los pulmones… pero ante paisajes tan maravillosos como los que íbamos recorriendo… no hay sillónball que pueda conmigo.

Pero el mejor momento del día aún estaba por llegar. Primero una vacas con cara de pocas amigas, después un pequeño riachuelo que saltamos haciendo un poco el cabra y finalmente, un pequeño sendero que moriría en un espectacular balcón de piedra desde el que divisaríamos el lago Cabidornats, sin duda alguna, uno de los lagos más bonitos de toda la ruta. (haz clic en la imagen para verla ampliada)

Su traducción del aranés al español es “Renacuajo”, y en él, como auténticos renacuajos nos zambullimos.

El agua eso si, helada como ella sola pero tras un pequeño choche de temperatura donde todo, absolutamente todo lo que uno se puede imaginar, se hace pequeño, entras en un estado de relax absoluto que ya lo quisiera el mejor de los SPA

Tras el remojón, iniciamos el descenso y si no habíamos tenido suficiente con las vistas del inicio del camino, nuestras retinas entraron poco a poco en un profundo coma etílico de naturaleza.

De nuevo en el balneario y con el desayuno del medio día en la suela de los zapatos, decidimos reponer fueras en el propio Balneario de Tredos.

Tras la comida y aún con la retina algo borracha de naturaleza, nuestro siguiente punto en el camino sería el mirador de Baqueira, zona que siendo popular en Invierno, por sus pistas, en Verano, tiene la pinta que véis.

Baguergue y una cena extraordinaria

Aquella tarde terminamos nuestro paseo por el pueblito de Baguergue. Un pequeño pueblo de cuento, inundado de flores que me recordó mucho a rinconcitos suizos por lo cuidado que estaba todo. Cada flor en su sitio, cada ventana abierta 45º a izquierda y derecha, todo limpio, todo ordenado… muy suizo, como a mi me gusta.

El día se agotaba poco a poco, con él, nuestro viaje y como punto y final, casa Benito, lugar en el que cenaríamos como en casa y donde personalmente viví la mejor experiencia del viaje, donde un vasco, un andaluz, un catalán y una aranesa cenaban juntos sin conversaciones políticas bajo el paraguas de los viajes, escuchando a Ignacio, el madrileño, a través de sus vivencias, experiencias y sentimientos de cómo su vuelta al mundo le cambió la vida.

Información práctica si quieres vivir esta experiencia: