Caminantes de Santiago. Xacobeo 2010

camino de santiago

En efecto… días, semanas, meses, yo qué se la cantidad de tiempo que me he pasado de uno en uno intentando convencer a esta panda de vagos a que se animaran a acompañarme a hacer el camino de Santiago y, felizmente, este año, precisamente Xacobeo, Diana, mi hermana y Miguel Angel se animaron a participar en esta aventura (que de Santa tiene poco) y sufrir y disfrutar de las cosas que el camino te va ofreciendo a medida que avanzas.

Muchos piensan que es sólo andar, una simple caminata con un objetivo llamado Santiago, pero sea lo que sea… yo he podido comprobar que aún saliendo desde un punto relativamente cercano (114 km – Sarria) hay momentos en los que se te hace muy duro, ya no solo físicamente, sino psicológicamente. Hay veces en las que el grupo calla y empiezas a darle vueltas al coco, a pensar en todo lo que te queda aún, en si es una jilipollez lo que estás haciendo o no, etc… y es entonces cuando la mochila te empieza a pesar más y alguna que otra ampolla, tobillo o rodilla hace acrecentar ese sentimiento. Es muy fácil caer en este tipo de paranoias, pero afortunadamente, estas, rápidamente se disuaden al contemplar tan espectaculares paisajes salpicados con pintorescos lugareños y animales de la zona.

Salida desde Sevilla

Como medio de transporte hasta llegar a Sarria (nuestro punto de partida) teníamos como opciones posibles:

  • Autobús: 14 horas de tortuoso viaje en minisillones y con la altísima probabilidad de que volviera a sentir el regusto de mi primera papilla ya que me mareo con una facilidad tal, que he llegado a vomitar de Sevilla a Dos hermanas yendo en autobús escolar con el colegio (trayecto de no más de 20 min), por contra, en coche no me mareo ni bailando break beat en el interior.
  • Tren: Opción a tener en cuenta, aunque igual de lenta que el autobús, debido a que tendríamos que hacer trasbordo en Madrid y llegar a Lugo para después coger un autobús a Sarria.
  • Avión: Muy caro y sin vuelos directos a Santiago debido a las fechas, por otro lado, tampoco nos hacia gracia llegar a primero a Santiago en avión y ver la ciudad (aunque fuera de pasada), preferíamos verla al llegar andando.
  • Coche de alquiler: Opción rápida, apenas 9 horas, cómoda y económica pero como contra tiene… el tener que conducir toda la noche.

Finalmente nos decantamos por el coche de alquiler, un Seat Ibiza rojo a estrenar prácticamente. Salimos de Sevilla a eso de las 22.30 y atravesamos la geografía española de norte a sur llegando a Lugo bien prontito. Una vez allí tuvimos alguna dificultad para encontrar la empresa de alquiler de coches, pero finalmente, con un desayuno previo en el que nos sirvieron unos “ladrillos achicharradiños con mantequilla” (tostadas con mantequilla en gallego), conseguimos encontrarla y devolver nuestro coche.

Fue bajarnos del coche y empezar los problemas… a mi hermana se le empiezan a rescrebajar los botines…

En el aire queda la durabilidad de estos, pero por si acaso compramos pegamento epoxi en un chino, momento en el que Miguel Angel pudo deleitarnos con una frase antológica en la mismísima cara de nuestros amigos orientales.

Después de comprar el pegamento, pudimos ver la ciudad ya que tuvimos que atravesar gran parte del casco viejo hasta llegar a la parada de autobuses. Una vez allí, cogimos el autobús que nos llevaría a Sarria. Al llegar al pueblo sentimos por primera vez la inquietud de no tener un alojamiento y verte inmerso en una especie de Gymkana en la que el juego consiste en pillar alojamiento antes que el resto y no morir en el intento.

Pues bien, como si estuviéramos en el juego de la oca íbamos de sitio en sitio sin encontrar nada que nos gustara, que fuera barato y que estuviera libre, todo esto hasta que dimos con un pequeño albergue cuya fachada no representaba el pelotazo que acabábamos de pegar, ya que por 10€ conseguimos una habitación para los 4 con vistas a toda la sierra y primer plano de la iglesia del pueblo. A mi juicio el mejor sitio del pueblo con gran diferencia.

Una vez acoplados y contentos con nuestra provisional casa, fuimos a por provisiones con tan buena suerte de que Sarria tenia Mercadona!

Ya nos advirtieron de que en el camino íbamos a encontrar a bastantes personajillos… pero yo no pensaba que fuesen a aparecer tan pronto. En ausencia masculina, las niñas recibieron la visita a nuestra habitación de un hombretote, al que apodé Obelix, de casi 2 metros de alto, medio calvo, ojos saltones y con un IMC superior a la media española de aproximadamente 120 kilos… Con tono de psicópata sexual, expresión salidilla y mirada penetrante, de estas que cortan el hipo, dejo un clima de desconfianza y le pusimos en el punto de mira como personaje a evitar en la medida de lo posible…

El día acabó pronto ya que al día siguiente madrugaríamos y fue entonces cuando pudimos comprobar que los 10€ del albergue se debían al gran ahorro en agua y detergente que en ese albergue practicaban con las sabanas. En mi cama pude encontrar pelos de toda índole e incluso algunos con bastante probabilidad de que su procedencia fuera el cono sur de algún peregrino de años atrás. Dadas las circunstancias, bendito saco de dormir y hasta el día siguiente.

Dia 1.  Sarria – Portomarín


Primer madrugón y con las legañas aún en los ojillos salimos del albergue siguiendo a los primeros peregrinos. Fue chulo y toda una experiencia el salir de noche. Daba cierto acongoje meterte en esos tupidos bosques con la única luz de tu linterna y más aún cuando ciertos tramos del camino pasaban cerca de cementerios con más años que matusalen. La ruta se hizo corta, metimos una caña descomunal, no paramos ni 1 minuto en todo el camino.

El momento más crudo de esta etapa fue el pensar que estábamos llegando, abrir mi GPS y comprobar que estabamos justo en la mitad de la etapa! que desilusión y que pereza que nos dió. Desde aquel momento no volvimos a sacar en todo lo que nos restó de viaje el GPS para ninguna otra cosa que no fuera comprobar cuanto nos faltaba hasta la siguiente etapa.

El final de la etapa nos regalo una megabajadita que nos machacó un poquillo la punta de los dedillos de los pies. Pero lo mejor llegó prácticamente al final de la bajada, cuando de manera fugaz, nuestro amigo Obelix nos adelantó corriendo!! personalmente no me lo creía.

Al llegar al pueblo atravesamos el rio Miño y dejando una escalinata a mano izquierda tardamos un poquitín en llegar a nuestro albergue. Nada más llegar vimos a nuestro amigo Obelix y la verdad es que… no nos gustó la idea de encontrarnos con Mr. Perbersión en la cola del albergue… la experiencia en el anterior albergue con sus miraditas y actitudes no nos gustaron y tener que convivir con él…

La estancia en el albergue tuvo de todo… sabíamos que las habitaciones eran compartidas pero… lo que no sabíamos es que el concepto “compartidas” había sido elevado a la máxima potencia hasta el punto de que las camas estuvieran unidas como si de camas de matrimonio se trataran. Es decir, lo mismo te tocaba a Obelix cama con cama pegaditos y a las 4 de la mañana una manita se le colaba por tu cama. Menos mal que a mi me toco con Diana, y Miguel Angel y Julia hicieron un trueque de camas para que a ella le tocara una litera individual y al mamón este una alemana por pareja. El dormir en esas camas no fue del todo traumático en cuanto a higiene se refiere ya que al entrar nos dieron unas sabanas de usar y tirar compuestas por una funda de colchón y otra para la almohada de papel.

Como dato curioso-cachondo, os dejo está foto del somier de la litera situada encima de la cama de Julia, que aunque no se ve demasiado bien, se lee la siguiente cita histórica que nos aporta suficiente información como para estar seguros de que probablemente Becquer la escribió estando en dicho albergue en su peregrinaje a Santiago haya por el año catapún:

"Mira si es ilustre el grosor de mi nabo...
que en su magnifico tronco se han posado
3 gallinas, 2 palomos y un pavo"

En cuanto a compañía, no todo iba a ser Obelix, como contrapartida conocimos a Gabriel, un chico italiano que había salido desde Roncesvalles y que pretendía acabar el camino en Finisterre. Nos contó que era la primera noche que iba a pasar bajo techo en 3 días y que estaba deseando coger la cama. Era un tipo muy simpático y un auténtico peregrino. Más adelante en el camino nos lo encontramos varias veces y siempre le acompañaba un palo de 2 metros, con una pluma de águila en el extremo y en el que por cada día que pasaba iba tallando una muesca con la navaja que llevaba.

La tarde no estuvo mal del todo, primero fuimos a comprar provisiones para el día y la tarde, después nos pegamos una merendola de champions league, momento que por cierto, Miguel Angel aprovecho para demostrar sus grandes dotes como cazador de moscas profesional. Gracias a ello pudimos comer mas o menos puesto que en el comedor había mas moscas que personas.

Después de esto Miguel Angel protagonizó otro momentazo y después pasamos lo que quedaba de tarde mirando puestecillos por la zona, el pueblo, etc… Yo aproveché y me compré unos calcetines con Outlast (regulan la temperatura del pie y transpiran muchísimo, es un material desarrollado por la NASA según me dijo Miguel Angel) por 14€.

Después de unas comprillas y de comprar mis calcetines, las niñas fueron a ducharse y nosotros fuimos a lavar la ropa, momento en el que Miguel Angel aprovecho para deleitar a los allí presentes con toda una fantástica demostración de lavado peregrino y “centrifugado aéreo” al más puro estilo “Bricomania”.

Después de liarla un poco y comprobar el buen funcionamiento de las lavadoras del albergue, decidimos ducharnos y comprobar el estado y condiciones de las duchas del mismo. Solo decir que lo hicimos en bañador ya que no habia puerta en ninguna de las duchas y pasaba de ducharme con el miembro al aire a vistas del gentío. Con bañador y con algo de prisa, ya que la luz la cortaban a las 10 de la noche y estuvieras haciendo lo que estuvieras haciendo, te quedabas a oscuras, terminamos de ducharnos y me fui a comer dejando a Miguel Angel afeitandose con una cuchilla de mujer (de las rositas con 2 cuchillas) una barba de 4 días que solo un cortacésped sería capaz de apurar. Simplemente el ver ese espectaculo daba dolor nada más verle con los lagrimones fuera al afeitarse con esa cuchilla. Para que os hagais una idea era lo más parecido a cortar jamon con una palita de huntar mantequilla.

La cena estuvo cachonda, comimos lo que habiamos comprado esa tarde en un supermercado DIA (en el cual me sellaron la credencial) y tuvimos que convivir con Obelix y sus amigotes en estado de embriaguez. La luz nos la cortaron en medio de la cena con cerca de 15 min de antelación y unos peregrinos que habian hecho un superarroz con salchichas, pimpientos, setas y pollo, nos ofrecieron un poco ya que les habia sobrado. Tengo que decir que estaba exquisito para los medios que te ofrecen en los albergues para cocinar, puesto que no hay nada de menaje.

A continuación vivimos toda una experiencia. Exacto, dormir 32 personitas en una misma habitación. Asombrosamente no había demasiado olor a humanidad y en mi caso los tapones me hicieron ignorar el concierto en “Do bajo” que esta gente tuvieron que soportar debido a los fuertes ronquidos y en ocasiones, aullidos huecos, de alguno de los presentes. Yo me acosté pronto pero a Julia y la alemana les costó algo más debido a que Miguel Angel tardó cerca de 10 minutos en reorganizar su maleta con linterna en mano y a medida que se movia iba pegando fogonazos en plena oscuridad a diestro y siniestro.

Día 2. Portomarín – Palas de Rei


El día empezo a las 5 am que fue cuando sonaron los despertadores de todos los que en aquella habitación nos encontramos. La caminata empezó teniendo que cruzar una pasarela de hierro que temblaba una barbaridad, no se veia nada pero se intuía que bajo ella habia bastante altura. Las primeras secuelas empezaron a notarse a mitad de camino en la que a Diana ya empezó a dolerle una rodilla y yo tenia el culete a caldo debido al roze de los calzoncillos (estaba escocío) y a cada paso que daba veía las estrellas.

La ruta nos regaló bonitos bosques, cuevas de árboles por los que apenas pasaba la luz y a mitad de camino, lluvia. Simplemente por hacer uso de nuestros chubasqueros nos gusto que lloviera un poquito, para algo nos habían costado 6 leuros cada uno. Tampoco era una lluvia fuerte ni mucho menos, era un chirimiri del que cala, pero te deja moverte sin problemas. Llovía, paraba de llover, volvía a llover… así estuvimos por lo menos 2 horas y entre unas cosas y las otras fuimos a parar a un pequeño albergue en el que regalaban colacao o café caliente. Nos vino de perlas para recuperar el aliento.

Ya en Palas de Rei, nos acongojamos un poquillo en cuanto al alojamiento, ya que no había por ningún sitio, fuimos de un sitio a otro hasta que nos mandarón un lugar llamado “Bar Central”. Una vez allí nos encontramos con una tasquila de pueblo en cuya parte superior habia 3 plantas con habitaciones. Nos dijeron que habia habitaciones dobles con baño por 15 leuros y entre lo cansados que estabamos, que no teníamos ganas de seguir miran y lo unico que queríamos era estirar un poco las piernas en una cama,  accedimos y subimos a las habitaciones. El lugar era un sitio limpio pero viejo, muy viejo. Nosotros estabamos alojados en una tercera planta y a medida que subíamos nos sorprendió el hecho de que todas las habitaciones estuvieran abiertas.  Todas excepto una, que estaba cerrada con llave y cuyo interior estaba todo desordenado. Podías pasearte por todas ellas si querías que no habia ningún problema. Las habitaciones tenían buena pinta, aparentemente estaban limpias y olían bien (dato importante).

Después de acoplarnos y deshacer un poco las mochilas, decidimos darnos una duchita para descansar piernas. Yo cogi mi neceser, una toalla que nos dieron y ropa interior nueva, me quite la ropa, me meti en la bañera, abrí el grifo y… voila! aguita fria congelada. No había agua caliente. Le digo a Miguel Angel que lo diga abajo en “recepción”, o sea, en el Bar, y al rato sube con el chaval que nos atendió. Resulta que en la puerta de la habitación había un termo que no encendía debido probablemente a que no había gas.

Las palabras del chico fueron “se habrá gastado la bombona, sino os importa cambiarla ustedes ya que yo no se”. Tócate los huevos. Total, que bombona en mano nos fuimos hasta el final del pasillo de nuestras habitaciones en el que habia una habitación de cristal con un tendedero con ropa, trastos  y más bombonas de butano. Miguel Angel cambió la bombona y allí mismo pudimos ver una escena de National Geographic en la que una araña intaba atrapar a una abeja con su tela de araña.

A la mañana siguiente las niñas nos dijeron que habian oido ronquidos y olia a tabaco que no era normal. Nos sorprendió un poco ya que aquella noche dormimos los 3 solos en el hostal, se puede decir que pagamos 15€ por alquilar un bloque. Aquel edificio daba “yuyu”. Dentro de él tenias la sensación de querer irte cuanto antes, una cosa un poco extraña.

Dia 3. Palas de Rei – Arzúa.


Llegó la temida rompepiernas. La ruta más larga desde Sarría, 28,8 km. Subiditas y bajadas nos torturaron las rodillas debido al peso de nuestras mochilas. Se me hizo eterna y como comenté al inicio del post, no solo física sino psicológica.

Como contrapartida a la dureza de la ruta, teníamos el aliciente de que a mitad de camino encontraríamos un pueblo, llamado Melide, en el que nos daría pulpo gratis ya que ibamos a llegar en fechas de fiestas. Yo no veía clara la idea de dar pulpo gratis a las 11 de la mañana a la gente pero… como todo el mundo en los albergues, la ruta, etc… comentaba que iba a haberlo, pues hicimos caso a tales habladurías. Finalmente, nuestro gozo en un pozo, ni pulpo, ni na. Lo único que comí en Melide fue una empanada de atún y consegui mi sellito de “El pingriño, la mascota del Xacobeo 2010″. La ruta se desarrollo con con normalidad (quitando las botas mountain momia de mi hermana, que poco a poco iban abriendose más y más), hasta que nos cruzamos con una pareja de reporteros que decían ser de la cadena RAI 1 de Italia. Nos hicieron preguntas sobre el camino, los motivos, la gente que habiamos conocido, etc…

A 3 km del final de la etapa, decídimos darnos un homenaje y comer decentemente en un bar del camino, dejando a un lado las conservas, que si, que están muy bien en galicia, todos sabemos que es el paraiso de la conserva, te venden en lata hasta a las ovejas, pero aquel bar tenía muy buena pinta y vendían platos combinados. ¡Como me puse!.

Ya en Arzúa la cosa estuvo chunga en cuanto a alojamiento. Fue el día que más tarde llegamos debido a que comimos por el camino y lo pasamos un poquillo mal ya que nos veíamos o en la calle o pagando mucho por un sitio miserable. Nos ofrecieron un garage con colchones en el suelo por 10€ y habitaciones compartidas con un montón de gente, asi que, tal y como estabamos después de una ruta tan larga, no liamos la manta a la cabeza arriesgandonos a perder esos cutrerios y seguimos mirando por otro sitio. Al final, gracias a todos los santos que hicieron el camino alguna vez, tuvimos la fortuna de dar con un hostal, reformado, con unas calidades espectaculares, que olia a nuevo, con parquet, baño compartido pero nuevecito a estrenar, balconcito-solarium… todo un pelotazo, pero eso si, 15€.

Después de flipar con el alojamiento nuevo, fuimos a por avituallamientos. Esta vez un Eroski, lugar en el que Miguel Angel compró el famoso yogur que dentro de un rato se convertirá en protagonista.

Día 4. Arzúa – Palas de Rei.

Lo que se preveía como una etapa fácil, sencilla, sin problemas y tranquila, se convirtió por culpa de un yogur en la peor de todas del camino. A falta de 4 km de llegar a O Pedrouzo, último pueblo en el que dormiríamos antes de llegar a santiago, hacemos parada en un bar de carretera para beber y descansar un poco. Allí nos encontramos con el italiano Gabriel. Nos dió mucha alegría encontrarnos con él, estuvimos hablando un rato y decidimos hacernos una foto con él. Miguel Angel entro al servicio a liberar a Willy y mientras tanto nosotros hicimos tiempo montando el trípode de la cámara para hacernos la foto. Con todo ya montado y después de 7 minutos Miguel Angel no salía del vater. Al rato sale un poco agobiado y me comenta que no se encuentra nada bien. Nos hacemos la foto y justo cuando la camara termina de hacer la foto, Miguel Angel sale corriendo encorbado, llevándose la mano a la boca, con la camara a cuestas y el sobrero aún puesto en dirección al vater del bar.

Me acerco a ver que pasa y le escucho vomitar… Según parece esa mañana tomo un yogur de medio kilo que compró el día antes, lo dejo abierto toda la noche y a la mañana siguiente lo terminó junto con un poco de chorizo. Imaginamos que le caería mal o que el yogur se pondría algo malo y le cayo como un tiro. Allí estuvimos un buen rato hasta que se le pasara, pero como veiamos que estaba mal y todavía faltaba una hora, decidimos que lo mejor sería que cogiera un autobús hasta O pedrouzo.

Me dio un montón de pena y de coraje dejarle allí y más aún sabiendo que probablemente el camino de Santiago terminaría allí para Miguel Angel, ya que en el bar vomito 2 veces, la cosa no pintaba demasiado bien y quedaba 1 etapa, tiempo quizas insuficiente para que se recuperara.

Por el camino llamé a Miguel Angel para ver si habia cogido el autobús y ver como se encontraba, ya que al pobre lo dejamos como a un ciego de la ONCE que ha perdido su labrador. Me comentó que un poco mejor, que habia cogido el autobús y que me estaba esperando en un albergue público que habia en la entrada del pueblo. Al llegar le dijimos que nos esperara allí, que buscaríamos un sitio. La verdad es que tardamos poco en conseguirlo y fue una pena que Miguel Angel estuviera malo y no lo disfrutara porque desde luego creo que fue el sitio más bonito en el que estuvimos en todo el camino. Todo reformado, en madera, con ventanas abuardilladas desde la que dormido veías las estrellas y con vistas a un gran bosque de pinos silvestres.

Una vez con la llave y el alojamiento reformado fue a buscar a Miguel Angel con la grata sorpresa de que cuando llego ya no está. Le pregunto a los del albergue y me dicen que se ha ido a la cruz roja, que esta al principio del pueblo. Con las piernas hechas polvo y sin ninguna gana de andar, me tocó buscar la cruz roja y encontrar a Miguel Angel con su mochila a cuestas. Una vez allí los medicos de la cruz roja le dijeron que lo que tenía era cansancio, que descansara y que si se veía muy mal en cuanto a vómitos que lo llevaban a Santiago. Miguel Angel no se podía ni mover, tanto que me pidió que le dijera a los de la Cruz Roja que nos llevaran en ambulancia los 350 metros que separaban la Cruz roja del Hostal. Miguel Angel estuvo con fiebre, le dimos los medicamentos, nos dio una tabarra horrorosa, pero con esfuerzo, aquarius de limón y paciencia… mucha paciencia porque es el peor enfermo del planeta, hace lo que le da la gana, no hace caso a nadie, etc… consiguió dejar de vomitar.

Día 5. O pedrouzo – Santiago de Compostela.

Ya sin Miguel Angel, que finalmente hizo la última etapa en autobús ya que no se encontraba con fuerzas y debía mejorarse si quería ir a las Islas Cies y disfrutar de Santiago, emprendimos por fin, camino a Santiago.

Nada más empezar nos topamos con el bosque más oscuro de todos los que nos habiamos encontrado en las 5 etapas del camino. Enormes bosques galería con árboles de muchísima altura nos dejaban paso por una estrecha senda en medio de una oscuridad tan grande que habia veces que llegaba a acongojar puesto que solo te oias a ti mismo, tu respiración, tus pasos y el quebrar de alguna ramita posiblemente debido al viento o algún animalillo.

La parte final es fea, se hace larga porque quieres llegar ya, no hay apenas vegetación y encima no sabes cuanto te falta ya que no hay mojones de señalización por ningún sitio. Algunos peregrinos de años atrás decian que el camino lo habian cambiado y que daba un rodeo más largo, pero eso, nosotros no lo sabemos.

Nuestra unica preocupación ese día era el encontrar un alojamiento barato, que no nos dejara pelados para las Islas Cies y… ya se sabe como es Santiago en cuanto a alojamientos. Caro, muy caro. Pues bien, poco antes de llegar al aeropuerto… vivimos una aparición. Allí, en el margen del camino, en plena vegetación, un señor mayor, enchaquetado y con un audi A4 aparcado junto a él, se me acerca y me dice: “Disculpad, ¿necesitais alojamiento en Santiago?” a lo que le dije que si y me dio un papel con el numero de telefono y un pequeño plano en el que encontraríamos unas habitaciones con baño a compartir pero privadas y lo mejor de todo, con cocina, frigorifico y a 4 minutos de la catedral, todo, por 15€ la noche. Como comprendereis no lo pense un momento y de cabeza llame y reserve. Un milagro.

Pasamos por las televisiones de Galicia, la RTVE y finalmente llegamos al famoso Monte do Gozo, cuyo nombre se debe, según mis hipotesis, a que cuando llegas y ves lo lejos que esta todavía la catedral, cuyas torrecitas se ven pequeñitas, pequeñitas… sientes que todo tu gozo esta en un pozo y por eso, se le puso, el Monte Do Gozo, porque en un pozo, era demasiado largo. El sitio en si no es que sea muy bonito, hay una escultura moderna muy grande y una pequeña ermita debajo de esta.

Por fin Santiago

Nuestros pasos cada vez eran más cortos pero al fin vimos el cartel de Santiago junto a la carretera y fue entonces cuando empezamos a darnos cuenta de que ya habiamos llegado. Sin asimilarlo y corriendo, corriendo, la entrada fue vibrante y el sentimiento de emoción muy grande. En ese momento, a medida que andaba, me pregunté que si yo me sentía así, como se sentirían aquellas personas que en vez de llevar 5 días andando llevaran como nuestro amigo italiano 35 días. Debe de ser muy emocionante y algo que llegue a marcarte para el resto de la vida. Es todo un reto y para nosotros y todas esas personas, el andar por esas calles, a minutos de la catedral, te hacia respirar la sensación de reto cumplido y un hilillo de satisfacción y misión cumplida te recorría de cabeza a pies.

Llegamos a nuestro alojamiento, nos encantó. Tenia vistas al casco viejo y verdaderamente estaba a 3 minutos de la catedral. Esperamos unos minutillos a Miguel Angel y mientras tanto me quite las botas por última vez e hice la comprobación diaria de ampollas o rozaduras. Afortunadamente, mis pies un día más, sin problemas aparentes y me puse mis chanclas para estár más fresquito.

A la llegada de Miguel Angel, salimos rapidamente hacia la catedral y nuevamente nos encontramos con nuestro amigo italiano. Parecia que nos perseguía. Nos dio un abrazo y a nosotros una alegria muy grande el poder compartir con él el momento antes de ir a la catedral, ya que para todos nosotros, es un peregrino en toda regla. Andar por los alrededores de la plaza de Obradoiro escuchando las gaitas y gritos de la gente fue muy emocionante.

Para mi, llegar a la plaza y ver la catedral, me supuso una satisfacción enorme y sentir que nuevamente, un deseo que habia tenido siempre se habia hecho realidad, gracias a Julia, Miguel Angel y Diana, que quisieron acompañarme en esta aventura, que sin duda, jamás olvidaré.

Nuestro camino de Santiago

El video que muestro a continuación es un resumen con los momentos más importantes y representativos del camino, para aquellos que no leais, que se que los hay que solo ven los videos, el final del video muestra imágenes de las Islas Cies (Vigo), lugar al que fuimos después de terminar nuestra gran caminata y que puso punto y final a esta gran aventura.