Bruselas a través de la ruta del cómic!

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¿Tienes poco tiempo y andas corto de pasta? ¿Viajas a París o Ámsterdam y tienes conexión por Bruselas? La capital belga es uno de esos destinos que recomiendo a todo aquel que me pregunta cualquiera de esas dos preguntas. Es un destino bastante asequible en cuanto a conexiones aéreas lowcost, se recorre rápidamente en 24h como veréis, tiene unos gofres y un cosholate de primera y si te lo montas tal como quiero enseñaros, lo puedes pasar requetebién.

Podríamos llamarla la capitalísima. Es sede de la OTAN y multitud de organismos de la U.E. En ella se deciden las buenas y malas decisiones de los europeítos y las pasadas navidades de 2011 quisimos recorrerla a través de un simpático trazado a través de fachadas decoradas a modo de cómic gigante. Es la llamada ruta del cómic. ¿Te sonaba?

Un cubito de basura por favor

Según llegamos a la capital belga, nuestra primera parada fue la estación de trenes de Bruxelles-Midi. Desde ahí, hasta nuestro alojamiento, aún nos quedaba un pequeño trecho de 2 kilómetros y medio y si me preguntáis las primeras impresiones que percibimos, podría resumirlas como… “sorprendentes”. Supuestamente estábamos a menos de 1 kilómetro del centro de la ciudad y el hecho de no cruzarme con ni un solo occidental en todo el camino al hotel y ver montañas de basura apiladas sobre las aceras me dejó algo extrañado.

Por un momento pensé que me había confundido de barrio y habíamos acabado en un barrio del extrarradio de la ciudad. Continuamos nuestro paso con una frase en la boca que no dejábamos de repetir: “eso nos pasa por reservar siempre lo más barato y a penas leer los comentarios…” a medida que avanzábamos nos veíamos rodeados por individuos que bien podrían ser los maquinavaja “arabic version”, pero sobre todo, rodeados de las omnipresentes e inquietantes montañas de basura que apiladas rodeaban las aceras como si de un vertedero se tratara.

En un principio pensé que sería una huelga de basureros pero poco después me enteré que en toda Bélgica el término “cubo de basura” es un gran desconocido.

La basura se recoge 2 veces por semana y sólo debes colocarla en la calle cuando toque, con una bolsa específica según la zona en la que vivas y un color en concreto correspondiente a si es basura orgánica, que se recogerá unos días, o inorgánica, que se recogerá otros… y, mucho ojito con esto porque si te equivocas y haces lo que te da la gana, multazo al canto que se encargarán de averiguar registrando los desechos en busca de recibos, tickets o lo que sea. Suena algo surrealista, pero es lo que contaba una española que llevaba viviendo varios años en Bruselas.

Empezando la ruta del cómic

Hasta el momento de nuestra llegada a la habitación del hotel, todo parecía seguir un estricto turismo escatológico dentro de la capital belga, pero ahora si, si que si, pondríamos rumbo al centro de la ciudad donde en apenas 2 kilómetros todo este panorama desapareció por arte de magia y haríamos la primera parada de la ruta del cómic junto a Asterix y Obelix.

No dudéis en meteros por callejuelas de aspecto viejo o abandonado mientras buscáis. Las fachadas de cómic están ahí. Tan sólo hay que buscarlas un poquito y zás! Muy cerquita del gigantesco mural de los populares vikingos encontraríamos otra estampa tamaño barriada del famoso vaquero Lucky Luke.

Y siguiendo la senda del cómic, haríamos parada en un lugar algo friki, difícil de encontrar, surrealista pero en absoluta consonancia con los famosos Manneken pis, el meón, y la Jeanneken pis, la meona. Me refiero al Zinneke-Pis, el perro meón.

Hay varios perros meones por Bruselas, quizás el Manneken Pis se despistara y aún ande buscándolos. Este que veis en la foto está haciendo esquina con las calles Chartreux y Saint Christophe.

Nuestro siguiente punto sería otro par de fachadas con espectaculares escenas de cómic perfectamente dibujadas.

Y como si en una gymkhana estuviéramos, continuábamos nuestro camino, esta vez con viñetas de Tintín, camino del Manneken Pis.

Del meón de Bruselas y sus gofres, a la Grand Place y unas compras

Sabréis perfectamente que estáis llegando al meón porque el olor de la calle rápidamente tornará a gofre. Los gofres en Bélgica son famosos en el mundo entero. Su chocolate, nata, fresas y esa masa dulce y recien hecha los hacen inconfundibles y casualmente, la mejor tienda de gofres de Bruselas y no por ellos la más cara, fueron tan solo 2€ y pico, la encuentras a un par de metros del Manneken Pis que se pasa el día entero oliendo a gofre y haciendo pipi.

La gente se agolpaba frente a la verja que encierra al pobre meón. Francamente lo esperaba algo más grande. Me resulto pequeñito, de a penas 50cm. Su traducción literal es “niño que orina” y viene a simbolizar el espíritu independiente del pueblo belga. Irónicamente a los españoles a independientes no nos gana nadie. Tan sólo hay que darse una vuelta por los aledaños de una botellona un Viernes por la noche y veremos a varios Cafreken Pis haciendo de las suyas en honor a su espíritu independiente.

Al pobre meón lo disfrazan con trochocientos mil vestiditos a lo largo del año. Algunos de los vestidos dan algo de grimita y más que vestiditos son disfraces. Según pudimos leer en un cartel que había junto a él, lo visten incluso de astronauta, Nelson Mandela y Elvis Preley. La leche. Nosotros por suerte le vimos en estado puro, es decir, en peloti picati sin traje alguno.

Tras inmortalizarnos con el pequeño nos dejamos caer ante la tentación de los olorosos gofres que junto al Manneken se vendían y hasta arriba nos pusimos de gofre con chocolate, fresas, nata y azúcar.

Ñammm… súper bueno!

Con el gofre tendríamos papeo suficiente hasta la hora de comer y mientras tanto, y sin tener que callejear demasiado, desde el Manneken Pis continuamos hacia otro de los lugares más emblemáticos de Bruselas y de la propia Bélgica. La Grand Place, que en primavera es una explosión de colores, y su ayuntamiento, que al caer la noche nos reservaría una sorpresa.

¿Qué tal unas compras? Muy cerquita de Grand Place, encontramos el híbrido perfecto entre el Covent Garden londinense y las galerías milanesas de Vittorio Emanuele, pero eso si, versión belga.

Saint Hubert, 200 metros de galerías comerciales consideradas como las primeras galerías de Europa y lugar perfecto para tus compras ya sea ropa, joyas, algún souvenir o cafelillo con café (el precio es otro tema).

La meona y a comer

Ya teníamos al perro y al meón pero nos faltaba la meona! La verdad es que nos costó un poco encontrarla. Está en un lugar sin señalizar, bastante escondido, al igual que el meón entre verjas y al final de una callejuela indigna para tan famosa meona. Ironías a parte.

Aún era pronto, pero la búsqueda de la meona nos llevó a la hora de comer y dado que esta está junto a una de las calles principales de restaurantes de la ciudad, la Rue des Bouchers, decidimos entrar en un restaurante, la Terrasse, a probar los típicos y sabrosos mejillones con patatas fritas.

Al ser Invierno, cuando quisimos darnos cuenta el día poco a poco se iba apagando y fuimos apurando las horas del día camino de la catedral de San Miguel y Santa Gúdula, que os recordará a la francesa Notre Dame.

De metro en metro y tiro porque me toca hacia la U.E y l’Atomium

Nuestra ruta del cómic ya había llegado a su fin. El recorrido por la ruta del cómic es inmenso. Nosotros visitamos las viñetas que más ilusión nos hacía ver pero como para gustos los colores, os dejo este enlace donde tenéis el listado completo de la ruta del comic en Bruselas.

Llegada la tarde quisimos apurar lo poquito que nos quedaba de luz poniendo rumbo hacia un par de visitas, ya en el exterior de la ciudad, que personalmente tenía muchas ganas de conocer.

La primera de ellas, quizás porque estás harto de verla en televisión, son el conjunto de sedes de la U.E, su parlamento y la hilera de banderitas de la unión frente al edificio en forma de boomerang que tantas y tantas veces hemos visto en la TV.

Por fin le ponía cara a esas calles que tantos ministrillos, jefes indios y altos mandatarios han visto pasear. Quizás las más vigiladas del mundo.

Los últimos rayitos de sol se iban consumiendo y camino de coger un tranvía que nos llevara a la torre Eiffel de Bélgica hicimos una parada en, a mi juicio, una de las puertas más bonitas de Europa, que encontrarás en el Parc du Cinquantenaire y que si visitáis iluminado, al atardecer y en la hora mágica, mejor que mejor.

Desde allí, ya de noche, pillamos un tranvía hacia la otra punta de la ciudad, donde nos esperaría iluminado y destellante, l’Atomium.

Me lo imaginaba incluso más pequeño.

Es absolutamente imprescindible su visita tanto de noche, como de día, visita que realizamos horitas antes de que partiera nuestro vuelo y que a modo de tour te explican la historia de la ciudad a vista de pájaro así como la del propio Atomium.

Haz click en la siguiente imagen si quieres ver ampliada la panorámica de Bruselas desde l’Atomium

El interior es una pasada, así como su ascensor, principal atracción de l’Atomium siendo el más rápido de Europa a una velocidad de 5 metros por segundo durante 23 segundos que nos llevan a los 115 metros de altura.

Con el día ya entre luces y algo cansadillos, quisimos dar las buenas noches a Bruselas regresando de nuevo a la Grand Place, donde disfrutaríamos del espectáculo de luces y efectos especiales que frente al ayuntamiento se proyecta varias veces, al anochecer en Navidad y que es reclamo de cientos de personas.

Los videos del reportaje a Bruselas los perdí junto a mi primera cámara de video mientras montaba a caballo por Doñana. Es una pena que no pueda enseñaros el espectáculo que allí presenciamos pero espero que junto a las fotografías que realizamos podáis imaginar lo que allí vivimos, poniendo broche a un día fantástico durante nuestra visita express de 24h a Bruselas, la capital de la U.E.

Información práctica si quieres vivir esta experiencia