Atardecer sobre los Andenes y el Roque de los Muchachos

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Ya en casa me costó ubicarlo en el mapa. Vi fotografías y recomendaciones de él en Internet y sin dudarlo me dispuse a encontrarlo. El mirador de los andenes se convirtió por momentos en una obsesión para mi, no quería irme de la isla sin ver un atardecer desde allí y tras seguir la pista del video del mirador que un sudamericano tenía colgado en Youtube, algún que otra referencia que por foros encontré y paciencia, mucha paciencia… me dispuse a pasarme cerca de un una horita en Street View recorriendo toda la carretera LP-1032 en dirección al observatorio astrofísico, el punto más alto de la isla con la esperanza de encontrarlo y finalmente… eureka! Di con él.

El día poco a poco se apagaba y tras una larga caminata por la ruta de los Nacientes, regresamos al pueblo de San Andrés y Sauces, donde iniciamos el día y lo terminábamos con una pequeña paradita en el puente que da acceso a este para flipar con las vistas a las plataneras que desde este podéis ver.

Es un alucine la cantidad de plátanos que en la isla de la Palma hay. Nada más y nada menos que el 35% de los plátanos que vienen de Canarias salen de aquí y tal como podéis ver… no exageran (haz click en las imágenes para verlas ampliadas)

Aquí quien no come plátano es porque no quiere. Quién fuera mono en Canarias para ponerse púo.

Después de alucinar un poco con tantísimo plátano, pusimos rumbo al Mirador de los Andenes. El camino fue largo, lleno de curvas pero a medida que subíamos… lo que en un principio parecía un techo de nubes se convirtió en niebla, que junto a algunos rayos de luz que entre los árboles escapaban, poco a poco fuimos adentrándonos en un paisaje de suspense, magia e ilusión. Tan solo le faltaban haditas y gnomos pululando alrededor.

Tras la magia, las nubes quedaron abajo y la claridad del día volvió a invadirnos, tanto que, hasta el Teide podía divisarse desde allí.

Era difícil avanzar sin querer detenerse en cada curva a echar alguna que otra fotografía pero entonces, las largas horas en Street View se materializaron en memoria fotográfica, reconocí el lugar, aparcamos el coche en uno de los laterales de la carretera y… a flipar con las vistas

Os aseguro que mereció la pena. Olvidaos de los problemas y alucinad un rato.

Con los pelos de punta (por las vistas y el frío que hacía), volvimos al coche y continuamos hacia arriba. Sin pérdida.

El sol poco a poco bajaba y las nubes parecían querer esperarle formando una sinfonía de colores y sombras sobre el mar que por momentos te parabas a pensar si aquello era real, ficción o un sueño viajero.

Al llegar a la zona del observatorio astrofísico (el más importante de Europa, todo hay que decirlo) me sentí algo intimidado ante tanta señal de advertencias, prohibidos y barreras. Tal panorama no debe echarte para atrás, continuad como hicimos nosotros y finalmente llegaréis al mirador del Roque de los Muchachos (o Muyyyaaaayyyooos, como allí dicen).

Con más frío que un perrillo chico, el trípode a cuestas y muchas ganas de explorar las vistas, bajé del coche a los 2426 metros del mirador del Roque de los Muchachos y entre roca y roca me quede, ante un paisaje de escaparate.

Las puntitas de las montañas que por allí había parecían pequeños islotes sobre mares de nubes. Poco a poco el mar tornó a dorado y como si en un cine de vehículos estuviéramos, nos resguardamos del frío como pudimos ante la mejor de las películas: “Atardecer sobre los Andenes y el Roque de los Muchachos”.

Información práctica si quieres vivir esta experiencia