5 experiencias imborrables que viví en Nueva York

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Siendo “X” esas experiencias que siempre has deseado hacer, cuántas veces has dicho u oído frases del tipo “tengo que hacer X antes de morirme”, “X hay que probarlo por lo menos una vez en la vida” o “no puedo morirme sin experimentar X…”. Seguro que muchas, ¿verdad?

El destino de estas Navidades 2012 iba a ser muy especial para mi. Un destino que llevaba tiempo soñando e imaginando desde que de chico vi la película “Sólo en casa”. Efectivamente, estoy hablando de Nueva York. Esa ciudad que tantísimas veces hemos visto por el televisor de casa en forma de película, serie o anuncio de televisión. Esa ciudad que de algún modo, se colaba en forma de “historias” en nuestro salón de casa prácticamente a diario, casi sin darnos cuenta y que esta vez visitaría en Navidad, desvirtualizando esas imágenes y cumpliendo uno de los muchos sueños de esa larguísima lista personal con cosas por hacer al menos una vez en la vida y que Nueva York nos brindaría la posibilidad de hacer realidad.

Cinco experiencias, cinco sueños, cinco deseos a los que pusimos forma. Cinco recuerdos que ya conservo en mi memoria en forma de “magia, perspectivas, espectáculo, música y Navidad”. En un rato lo entenderéis mejor.

Mágico atardecer desde lo alto del Empire State

La hora mágica. Ese momento del día, después del atardecer, en el que el sol poco a poco muere, dejando tras de si un cielo que apura la poca luz que queda del día convirtiéndose en azul eléctrico y que unido a las luces de la ciudad, que poco a poco se encienden sobre él, forman escenarios de película que fotógrafos de todo el mundo bautizan como “hora azul”, “hora mágica” o “golden hour”. Y allí, en el Empire State, con los cientos de rascacielos bajo nosotros, a esa hora, con el sol cayendo mientras miles de lucecitas se empezaban a encender… presenciamos un momento que podría denominar de “mágico”, “impactante”.

Desde abajo, la enorme mole del Empire State ya parecía avisarnos que las vistas no iban a ser cualquier cosa y como casi siempre, llegamos algo apurados a la cola de acceso.

El atardecer era cuestión de minutos y al llegar a la cola del Empire Estate dimos gracias a nuestras City Pass de Nueva York con las que mágicamente nos saltamos al menos 30-40 minutos de cola que nos permitieron llegar arriba, subir en el primero de los ascensores y por último, subir a pie el último tramo hasta el mirador de la planta 102 durante unas 7 plantas escalera arriba.

Llegamos justo al atardecer. Frente a nosotros, el sol se ponía detrás del aún en construcción World Trade Center.

Al fondo, la estatua de la libertad como una diminuta hormiga y tras nosotros, el resto de la isla de Manhattan, encendiéndose poco a poco convirtiendo aquello en un escenario es-pec-ta-cu-lar.

Así se veía el Río Hudson al atardecer, desde el cielo de Nueva York (haz click si quieres ver la imagen más  grande)

Mirar abajo imponía respeto. Reconozco que mi vértigo en ocasiones me hizo sacar la gotita de sudor frío. No es para menos creo yo.

Una vez arriba, respira hondo, pilla aliento y disfruta de uno de los mejores espectáculos urbanos del mundo a más de 381 metros de altura sobre un mar de lucecitas y gigantes brillantes.

El momento y las vistas fueron realmente espectaculares. Allí arriba, en ese mirador, la gente a penas hablaba. Me llamó la atención que tan solo sonara el viento y el sonido del bullicio de la gran ciudad. Genial.

Y aquí el mendalerenda más contento que unas pascuas. Con lo que a mi me gusta un mirador… y en este, uno de los mejores del mundo, podéis imaginar.

Sin darnos cuenta la noche poco a poco llegó y el paisaje nuevamente se transformó.

Una experiencia imborrable. Un momento que deseaba vivir durante mucho tiempo en un lugar del mundo privilegiado y a mi juicio, en la mejor hora para visitar al gran coloso Empire State.

Manhatthan bajo nuestros pies en helicóptero

Antes de viajar a Nueva york es lógico que todos nos imaginemos paseando por la 5ª avenida, Wall St, Central Park… etc. Su ritmo, sus compras, sus taxis amarillos, el humo de sus alcantarillas… Rodeados del bullicio y del ambiente las calles de Nueva York ante la mirada de esos gigantes brillantes que le hacen sentirse a uno un enano.

Mirar al cielo cuando estas rodeado por ellos te da a veces un punto de vista alucinante y como digo, te hace sentir una hormiguita, un gnomo bajo una seta.

Pues bien, llamadme lo que queráis pero desde siempre, cada vez que oía “Nueva York”, en mi cabeza siempre estuvo la idea, el deseo y… si, digamos que el “Sueño” de dar un giro de tuerca a ese sentimiento de enanismo que uno siente ante esos gigantes que vigilan tus paseos por la gran manzana y ser nosotros los que desde el aire les hiciéramos sentir enanos a ellos.

Desde que pusimos el primer pie en la ciudad los cielos grises e intermitentes chispeos no nos habían respetado demasiado y esto me hacia temer lo peor de cara al helicóptero pero gracias a las más o menos fiables predicciones de eltiempo.es, a la meteorología local que seguíamos por la TV durante los desayunos y algo de potra, el día y hora elegida para nuestro vuelo resulto espectacular. Ni una gota y buen solito para nuestro vuelo en helicóptero por Nueva York, sus avenidas.

Según llegamos al muelle 6 del puerto Este de Manhattan, entregamos nuestra reserva de Viator al encargado de seguridad y acto seguido esperamos nuestro turno en una sala donde dejaríamos mochilas y bultos en unas taquillas y posteriormente recibiríamos unas pequeñas explicaciones de seguridad por parte de un tipo con gorrito de lana que de aspecto era idéntico a Carl Winslow de la serie “Cosas de Casa” (Steve Urkel para los menos entendidos).

Llegado nuestro turno, nos ordenaron por peso en un par de filas y llegado nuestro turno fue inevitable sacar una sonrisa nerviosa que nos llevaría hasta la puerta del helicóptero entre el ruido de las hélices girando.

Una vez dentro, nos sentaron delante, ¡bien! Acto seguido nos abrochamos los cinturones de seguridad y cascos en las orejas para evitar el ruido del helicóptero y escuchar las explicaciones del piloto y casi sin darnos cuenta, ese bicho empezó a levantarse y el sueño de volar en helicóptero por Nueva York se vería cumplido a ritmo de hélices y vistas increíbles.

Desde el aire se tienen panorámicas únicas de la ciudad de Nueva York.

En ocasiones parecía que sobrevoláramos una maqueta! No llegaba a creer que estuviéramos ahí, volando en helicóptero sobre la gran manzana.

¿Os habéis fijado en el detalle de la estatua de la libertad asomando por la ventanita derecha del helicóptero?

Fue una pasada ver desde el aire las avenidas de Manhattan. Desde arriba parecían cortar la ciudad como si hubieran utilizado una tijera.

Todo un sueño y experiencia imprescindible que no te puedes perder si visitas Nueva York y que sin duda alguna será el complemento perfecto a esa sensación de hormiguita que como digo se le queda a uno al verlos desde abajo.

Viviendo un musical en Broadway

En mi cabeza no cabía el hecho de recorrerme tantísimos kilómetros sin vivir un espectáculo en alguno de los teatros que a lo largo de Broadway hay. No son del todo baratos pero tampoco hay demasiada diferencia en cuanto a precio con espectáculos de ciudades como Madrid o Barcelona y si a esto le sumas el lugar en el que te encuentras y que con suerte puedes encontrar entradas de última hora en el mismo Times Square pues la verdad es que la tentación puede llegar a convertirse en irresistible y es lo que a nosotros nos pasó ante el cartel del Rey León.

Un musical con al que llevaba años queriendo asistir en Madrid pero que al final el destino quiso que lo hiciera en Nueva York, en un marco especial, el Minskoff Theater.

Música en directo, escenografía que nos quitó el hipo y una puesta en escena que a veces te hacía pensar que lo que verdaderamente había sobre el escenario eran atardeceres, amaneceres y gacelas corriendo sobre pastos africanos.

Un sueño más para la lista y desde luego de los espectáculos más bonitos e impresionantes que he visto.

Bailando Gospel en el corazón de Harlem

Era nuestro primer día en Nueva York. Aún no habíamos pasado ni un solo minuto en Manhattan y nuestra primera parada, al ser Domingo y estando en Nueva York no podía ser otra que una iglesia con misa Gospel en el corazón de Harlem. Tengo que confesar que tenía algo de reparo dada la fama del barrio y que nos adentraríamos más allá de la calle 120th. El barrio de Harlem antiguamente se puede decir que era bastante chungo, mucha delincuencia, atracos y pandilleos, pero a día de hoy, si acaso sólo por la noche puede haber mal ambiente.

El día, algo gris y frío, arrancaría para nosotros súper temprano. Saldríamos de nuestro hotel de Brooklyn a eso de las 7 de la mañana y con un par de trasbordos de metro nos encajaríamos en la parada 116st en aproximadamente 1 hora. Andando a paso relajado la parada se encontraba más o menos a 10 minutos.

El barrio estaba algo dormido. Poquita gente se veía por las calles pero aún así en ningún momento sentimos sensación de inseguridad.

A nuestro paso lo único que vimos fue algún que otro vagabundo estilo “película americana” y muchísima gente de color. Se puede decir que a esas horas éramos los únicos blanquitos del lugar.

A medida que andábamos por las calles del barrio fuimos paseando por estampas que seguro os son familiares.

¿Os suena verdad? En más de una película seguro que has visto escenas en entraditas como estas con sus escaleras, arriates y casitas pareadas en ladrillo pegadas las unas a las otras.

Continuamos el camino y este amiguillo de nuevo nos detuvo en el camino.

Cuando quisimos darnos cuenta había lo menos 5 ardillas como esta correteando por la zona. Gatos vimos pocos pero en lo que a ardillas se refiere… yo diría que hay superpoblación!

Por fin, tras el paseillo matinal, llegamos a la iglesia. La Bethel Gospel Assambley. Una de esas iglesias auténticas de verdad donde alucinar con una misa Gospel.

He de decir que no fue fácil desde España estar seguro de qué iglesia visitar. Pasé un buen rato consultando en foros sobre buenas iglesias donde ver una misa gospel en Harlem. Buscaba algo sin demasiados turistas ni problemas a la hora de entrar. Leí que había iglesias con 2 colas,  una para turistas, otra para fieles habituales y que dependiendo del cupo en el interior de la iglesia, lo mismo entrabas que te quedabas fuera de ella. Pero fundamentalmente lo que buscaba era fervorosidad y creedme que la iglesia Bethel Gospel Assambley no nos defraudó.

Nada más llegar mis dudas ante el recibimiento a dos perfectos guiris como éramos nosotros llenaba mi mente de interrogantes. Según nos acercamos a la puerta varios señores vestidos de negro, con pinganillo en la oreja, pinta de porteros de discoteca, enchaquetados y con porte de armario ropero, nos sonrieron y de forma muy amable nos recibieron como si fuéramos invitados VIP acompañándonos hasta nuestros asientos entre sonrisas y gestos de gratitud. No entendía nada. Me chocaba todo muchísimo. Mi sensación ante tal actitud fue de gratitud. Sentí como que allí dentro todo el mundo nos daba las gracias por asistir.

El interior no tenía pinta de iglesia. Aquello parecía un teatro. Había un pequeño graderío de unas 30 filas, un pasillo central con moqueta roja y un escenario bajo las letras “HOLINESS UNTO THE LORD” con un atril, una batería con orquesta al completo y sobre toda esta parafernaria un enorme pantallón donde proyectaban las letras de las canciones para que a modo karaoke las siguieras. Como dato surrealista comentar que cuando no se cantaba y el pastor no pregonaba, se hacían cortes publicitarios con proyecciones para todos los fieles con anuncios de niñeras, webs de apuestas, restaurantes, talleres… todo en plan “la tienda en casa”. No daba crédito a lo que veía. Surrealista. Pero bueno, de algún modo se tienen que financiar.

Allí dentro eramos los únicos blanquitos junto con otros 7 que vimos más adelante. Ni un solo turista y una fervorosidad que a mi modo de ver a veces rozaba lo exagerado. Había banderas de muchos países de África, la gente se ponía de pie a bailar, otros saltaban con los ojos cerrados y los brazos hacia el cielo y un buen rollo alucinante parecía hinundar la sala con sonrisas en cada cara que veías.

Me llamaba mucho la atención como en mitad de los pregones del pastor algunos asistentes gritaban “OHHHH YEAAAHH YEAAAHHH…..!!!!” levantando la mano. Yo lo entendí como que era símbolo de que lo que decía el pastor les estaba llegando mucho. En otras palabras, que estaban flipando y querían transmitirlo. Esta situación se repetía a menudo junto con varios “AAAAALEEEELUUUUUYAAA….!!!” y convertía los pregones en algo alucinante ya que el pastor se emocionaba muchísimo, la gente respondía a sus palabras y al final se liaba la marimorena.

Una misa Gospel dura nada más y nada menos que 3 horas y pico. Nosotros habríamos estado dentro prácticamente toda la misa porque la verdad es que las actuaciones musicales eran un auténtico espectáculo pero el tiempo en Nueva York es siempre corto y tan sólo pudimos quedarnos un par de horitas. No pasa nada por levantarte y marcharte en mitad de la iglesia. Reconozco que nos dió un poco de corte pero había algunos fieles que ya lo habían hecho delante de nosotros y como dice el dicho “allá donde fueres, haz lo que vieres”.

Como mejores momentos de la iglesia, me quedaría con 3 de ellos. El primero, uno de los que más me llamó la atención, fue el de la hora de comulgar. Hilera por hilera de la iglesia nos fueron pasando unas bandejas con cortezas y chupitos de plástico con vino que posteriormente se devolverían. El segundo momento que recuerdo fue el de la presentación de los “nuevos visitantes”, entre los que nos encontrábamos nosotros pero para el que nos hicimos los longui ya que el rito consistía en ponerte de pie delante de toda la iglesia cantándote y abrazándote y la verdad es que en momentos como ese mi timidez sale un poco a relucir agachando un poco las orejas e intentando pasar desapercibido. Y como tercer momento, sin duda me quedo con el de los donativos. Me hizo mucha gracia ya que el rito consistía en levantarte y pasear por mitad de toda la iglesia haciendo un círculo mientras toda la gente canta y te toca las palmas. El paseíllo por el pasillo central fue todo un numerito con media iglesia cantándote de nuevo y sonriéndote y al llegar al escenario se supone que tenía que haber donado algo pero como suelto no llevaba nada y no me apetecía empezar a soltar billetes tan pronto, decidí seguir con mi camino topándome con un sonriente reverendo que me dio la mano. A continuación continué hacia mi sitio y cuando creí que todo había terminado va y me para un tipo que podría ser perfectamente el mayordomo de la serie de El Principe de Bel Air. Me sonrie, se lleva el puño al corazón, pone cara de sentimiento, me vuelve a mirar me señala y se vuelve a llevar el puño al corazón dándose un par de golpes. Mi interpretación después de haber jugado mucho al Party y sus pruebas de mímica es: “Muchas gracias por venir, os quiero, me llega y me flipa mucho veros a dos extranjeros como vosotros por aquí”.

Mi cara de alucine no daba crédito a nada de lo que estaba pasando.

La misa continuó y continuó y tras varias actuaciones entendimos porque cantantes de la talla de Whitney Houston han salido de iglesias como esta. Es una pena que me prohibieran sacar la cámara de vídeo y grabar todo lo que veíamos pero al menos logré grabar el audio sin que se dieran cuenta para que os hagáis una idea de la que se lía ahí dentro. Tal vez así sea mejor para que os quedéis con esta historia en forma de palabras y sonido y seáis vosotros mismos los que comprobéis todo esto que aquí os cuento y flipéis del mismo modo en que nosotros lo hicimos.

¿Guay eh? He de reconocer que los vellos se me pusieron de punta en más de una ocasión. Después de mi visita a esta misa, estoy seguro de que si se celebraran misas así en España se conseguiría ya no solo que el número de asistentes aumentara sino que ese concepto de iglesia inquisidora, anciana y carca que a día de hoy existe se disolviera en gran medida. Formas distintas de enforcar la religión y enorme experiencia como Dios manda. Y nunca mejor dicho, ¿o no? ;-)

Una noche frente al árbol del Rockefeller Center

Seguro que os digo “Nueva York”, “Solo en Casa” y “Navidad” y automáticamente se os viene un árbol de Navidad enorme a la cabeza, ¿verdad? El gigantesco árbol del Rockefeller Center de Nueva York.

Lo imaginaba bonito pero lo que no esperaba era semejante ante sala. La Navidad así ¡SI!

Junto al árbol era inevitable mirar al cielo y no sentirse un enano ante semejantes gigantes iluminados.

¿Os imagináis un árbol de navidad que tenga la altura de un 7º piso? En la imagen parece chiquitito pero no olvidéis que el gigante que tiene detrás, el propio Rockefeller, tiene la friolera de 256 metros de altura y 70 plantas de altura y que si comparamos la altura del árbol con él… no resulta un árbol cualquiera.

Visitar este árbol y es el sueño de todos los amantes de la Navidad. Es un símbolo en todo el mundo de que la época de mazapanes, compras, turrones y regalos empieza y allí, bajo esa maravillosa estampa navideña, dimos por cumplido otro sueño, otra de esas cosas con las que disfrutar alguna vez y sentir la magia de la Navidad en lugares tan fantásticos como Nueva York donde los sueños… son posibles.

Información práctica si quieres vivir todas estas experiencias

  • ¿Dónde sacar el famoso seguro de viajes para EEUU?: Como ya conté en su momento, a un amigo mio por una simple infección en un tobillo a causa de una picadura le cobraron 700€ en un hospital de Nueva York. Cualquier chuminada que te pueda pasar allí es arruinarte el viaje y tu bolsillo de modo que es SUPER RECOMENDABLE el llevar desde España un seguro. El siguiente enlace que te pongo es de la compañía IATI, con quien yo reservo y que por ser lector mío te hace un 5% de descuento si reservas desde aquí. Las ventajas de esta gente, a parte de coberturas de 10, es que tienen teléfono a cobro revertido en caso de que tengas un jaleo y a la hora de pagar un médico te adelantan ellos la cantidad en lugar de ponerla tú primero como en la mayoría de seguros de viajes.
  • Tarjetas New York City Pass: A nosotros nos sirvieron de mucho, puedes comprarlas bien por internet en esta página web que te las envía a casa. No sólo ahorras un montón de dinero en las entradas a sitios como el Empire State, los cruceros por el rio Hudson, Rockefeller o museos sino que te ahorras todas las colas y el tiempo en Nueva York vale mucho dinero. Súper recomendable.
  • Precios y horarios del Empire State: Subir al empire State cuesta unos 25$ (precios 2013) y si quieres ahorrarte las colas puedes pagar 64,5$. Una pasta por lo que como dije antes, yo compraría la New York City Pass. Los horarios son de 8 de la mañana a 2 de la mañana (siendo el último ascensor a la 1:15am) durante los 365 días del año. Otra opción que tienes es ahorrarte la cola del ticket comprando la entrada por internet
  • Calcular la hora azul: En esta web www.golden-hour.com podréis calcular perfectamente la hora exacta de la hora azul.
  • Tours en helicóptero Nueva York: La forma más cómoda de reservar vuestro vuelo sobre la gran manzana en Nueva York es reservando directamente desde la web que os paso a continuación. Llevo reservando con ellos un montón de años y en su web podréis encontrar un montón de excursiones por Nueva York y por supuesto los distintos tipos de vuelos que podréis hacer según duración. El que yo hice es el de “Tour de la Gran Manzana en helicóptero”. Reservar es muy sencillo y después del pagó te envian un documento con el código de reserva y las instrucciones concretas de cómo realizar la actividad reservada. No tiene perdida ninguna.
  • Musicales en Broadway: También podéis hacer reservas de musicales pero si lo preferís podéis dirigiros a la web oficial de Broadway donde tendréis a vuestra disposición todo el listado de musicales. En mi caso reservé el Rey León pero también me llamaba la atención el de El fantasma de la Ópera, Spiderman, Chicago, Mamma Mia, Mary Popins o Matilda. Soy muy friky e infantil, si.
  • ¿Dónde ver una misa Gospel en Nueva York?: Mi experiencia en la iglesia Bethel Gospel Assembly fue fantástica. Yo la recomendaría por su fervorosidad, por el trato recibido y por la autenticidad que dentro se respiraba. Una iglesia 100% auténtica, 0% turistas y a la que sin dudar repetiría. Las misas de esta iglesia son los Domingos a las 8 de la mañana y a las 11:30 y los Miércoles por la tarde a las 18:45. La dirección es 2-26 East 120th Street, New York, NY 10035 o si lo preferís aquí os dejo el enlace de Google Maps donde podréis ubicarla mejor. Otra opción que tenéis, si os da algo de yuyu el ir hasta Harlem, es el reservar por internet una excursión para ver una misa Gospel. En ese enlace que os he dejado tenéis toda la info para poder hacerlo.
  • ¿Cuándo y dónde se pone el árbol de Navidad de Nueva York?: El árbol de Navidad del Rockefeller Center se coloca en la plaza Rockefeller Center a finales de Noviembre y se quita el 9 de Enero.